¿Tiene sentido comprar una mesa para juegos? 4 situaciones en las que merece la pena


Antes de empezar

Una mesa para juegos de mesa no es imprescindible para disfrutar de una partida. Durante muchos años hemos jugado en mesas de comedor, en la de la cocina o prácticamente en cualquier otra superficie plana, y para muchos jugadores una mesa convencional sigue siendo más que suficiente.

Entonces, ¿cuándo empieza a tener sentido comprar una mesa para juegos?

La respuesta no depende únicamente de cuánto juegues. También depende del tipo de juegos que disfrutas, del espacio que necesitas y, sobre todo, de si tu afición te obliga a montar y recoger continuamente partidas, proyectos o materiales.

Hay determinadas situaciones en las que una mesa para juegos deja de ser simplemente un elemento de comodidad y empieza a solucionar un problema real. Si te reconoces en alguna de las siguientes casos, probablemente una mesa diseñada específicamente para tener dos superficies de uso distintas tenga mucho sentido para ti.

Mesa para juegos preparada para una partida

1. Juegas a eurogames y otros juegos de mesa con mucho despliegue

No todos los juegos de mesa necesitan una gran superficie. Una partida a un juego de cartas o a cualquier juego sencillo puede hacerse prácticamente en cualquier mesa.

La situación cambia cuando empiezas a jugar a juegos con un gran despliegue.

En muchos eurogames modernos no basta con colocar un tablero en el centro de la mesa. Cada jugador puede necesitar su propio tablero, cartas, recursos, fichas y diferentes elementos alrededor de su zona de juego. A esto hay que añadir el mercado, las reservas de componentes y todos los elementos comunes que deben permanecer accesibles durante la partida.

Mesa para juegos integrada en un comedor elegante

Juegos como Ark Nova, Terraforming Mars, Scythe o muchos de los títulos modernos de mayor complejidad pueden ocupar una superficie considerable cuando se despliegan completamente.

Y hay otro detalle importante: el espacio necesario no siempre se puede calcular mirando únicamente las dimensiones del tablero. Los jugadores necesitan espacio para organizar sus componentes, consultar sus cartas y desarrollar sus acciones sin invadir continuamente la zona de los demás.

Una mesa suficientemente grande puede solucionar parte del problema, pero existe una diferencia importante entre tener más espacio y tener un espacio pensado para jugar.

Una mesa para juegos permite disponer de una zona específica para la partida, mientras que la superficie superior puede seguir teniendo otros usos. Esto resulta especialmente práctico cuando la mesa también forma parte del comedor y de la vida cotidiana de la casa.

Por eso, si habitualmente juegas a juegos con mucho despliegue, una mesa para juegos puede aportar mucho más que unos centímetros adicionales de superficie: puede hacer que la partida resulte más cómoda y organizada.

2. Juegas a juegos de campaña y no quieres desmontar la partida

Este es probablemente uno de los casos en los que una mesa para juegos puede marcar una mayor diferencia.

Hay juegos cuya experiencia no termina en una tarde. Las campañas pueden prolongarse durante semanas o incluso meses, y cada sesión continúa exactamente donde terminó la anterior.

El problema aparece cuando llega la hora de recoger.

Una campaña puede tener sobre la mesa decenas o cientos de componentes: cartas, fichas, miniaturas, tableros, escenarios y diferentes elementos que forman parte del estado actual de la partida.

Desmontarlo todo después de cada sesión significa tener que guardar los componentes, despejar la mesa y volver a reconstruir el escenario cuando llegue el momento de jugar de nuevo.

Aquí es donde una de las características más interesantes de una mesa para juegos cobra especial sentido: poder mantener la partida preparada entre sesiones y protegerla cuando no estás jugando.

Puedes terminar una sesión, cubrir la zona de juego y continuar otro día sin tener que reconstruir todo el escenario.

Esto resulta especialmente interesante en juegos de campaña y de gran despliegue como Gloomhaven, Frosthaven, Kingdom Death: Monster u otros juegos de aventuras y exploración.

La ventaja no es solamente ahorrar tiempo. También permite jugar a campañas que quizá antes parecían poco prácticas porque no había un lugar adecuado para mantenerlas.

Si alguna vez has pensado “me encantaría jugar a este juego, pero no quiero tener media casa ocupada durante semanas”, probablemente entiendas perfectamente el problema.

Una mesa para juegos no hace que una campaña sea más corta, pero sí puede hacer que resulte mucho más fácil mantenerla y disfrutarla sesión tras sesión.

3. Juegas a juegos de rol y necesitas espacio para el máster

Una partida de rol puede parecer, a primera vista, menos exigente en cuanto a espacio que un juego de mesa con un tablero enorme.

En la práctica, alrededor de la mesa pueden terminar acumulándose muchos elementos.

El director de juego puede necesitar libros, mapas, pantalla, dados, miniaturas, fichas, cartas y diferentes ayudas de juego. Los jugadores tienen sus hojas de personaje, dados, lápices, libros y otros materiales.

Y además existe una diferencia importante respecto a muchos juegos de mesa: el máster necesita su propia zona de trabajo.

Un atril para el máster puede facilitar la consulta de libros y documentos durante la partida, mientras que una pantalla permite mantener ocultas las notas y la información que no deben ver los jugadores.

Los mapas y las miniaturas también necesitan espacio, especialmente cuando la aventura incluye combates o escenarios con mucho detalle.

Una mesa diseñada para juegos permite distribuir mejor todos estos elementos y mantenerlos accesibles sin que cada jugador tenga que invadir el espacio de los demás.

Y, de nuevo, si la campaña continúa durante varias sesiones, poder conservar parte de la organización de la partida puede ahorrar mucho tiempo.

Para un grupo que juega a rol de manera habitual, una mesa para juegos puede convertirse en mucho más que una superficie donde colocar un tablero. Puede ser el espacio alrededor del cual se organiza toda la partida.

4. Haces puzzles, construyes LEGO, GraviTrax o tienes otras aficiones

Una mesa para juegos tampoco tiene por qué utilizarse exclusivamente para jugar a juegos de mesa.

Existe otro perfil para el que puede tener mucho sentido: personas que tienen proyectos o aficiones que necesitan una superficie amplia y que se desarrollan a lo largo de varias sesiones.

Un puzzle es un ejemplo muy sencillo.

Un puzzle de muchas piezas puede necesitar una superficie considerable y permanecer varios días o incluso semanas en proceso de construcción. El problema aparece cuando esa superficie es la mesa que utilizas habitualmente para comer o para otras actividades: mientras el puzzle está en marcha, la mesa queda prácticamente fuera de uso.

Lo mismo ocurre con construcciones de LEGO o GraviTrax. Una construcción puede ocupar mucho espacio y necesitar varias sesiones para completarse.

También podemos pensar en maquetas, modelismo, dioramas, pintura de miniaturas, manualidades o cualquier otra afición en la que haya muchas piezas pequeñas y un proyecto que se desarrolla poco a poco.

En todos estos casos existe un problema común: necesitas espacio, pero no necesariamente quieres utilizar permanentemente la mesa del comedor.

Una mesa para juegos puede ofrecer una superficie de trabajo independiente y, dependiendo de su diseño, permitir proteger el proyecto cuando no estás trabajando en él.

Además, disponer de un espacio dedicado facilita mucho retomar una afición. Si cada sesión comienza teniendo que despejar la mesa, sacar todos los materiales y preparar de nuevo el espacio de trabajo, cualquier proyecto requiere un esfuerzo adicional antes incluso de empezar.

Con una superficie dedicada, el proyecto puede mantenerse preparado y puedes continuar cuando tengas tiempo.

Y esta es precisamente una de las razones por las que una mesa para juegos puede resultar interesante incluso para personas que no juegan habitualmente a juegos de mesa.

Entonces, ¿realmente necesitas una mesa para juegos?

La respuesta corta es: no todo el mundo necesita una mesa para juegos.

Si juegas ocasionalmente a juegos sencillos y normalmente tienes suficiente espacio en tu mesa habitual, probablemente no necesites una mesa especializada.

Pero la situación cambia cuando tu afición empieza a exigir más espacio, más organización o más tiempo de preparación.

Probablemente no la necesitas si:

– juegas de forma ocasional;
– juegas principalmente a títulos sencillos;
– tienes suficiente espacio en tu mesa habitual;
– normalmente terminas y recoges cada partida en una sola sesión.

Probablemente sí merece la pena si:

– juegas habitualmente a juegos con mucho despliegue;
– disfrutas de juegos de campaña que necesitan permanecer preparados;
– juegas a juegos de rol y necesitas espacio para libros, mapas, miniaturas y material del máster;
– haces puzzles, LEGO, GraviTrax, maquetas o cualquier otra actividad que necesite una superficie amplia;
– tienes proyectos que desarrollas durante varios días y quieres mantenerlos preparados entre sesiones.

En definitiva, una mesa para juegos no es una compra imprescindible para jugar a juegos de mesa. Es una solución para quienes han llegado al punto en el que una mesa convencional empieza a limitar su afición.

Si te encuentras en alguno de estos casos, el siguiente paso es saber qué características debería tener una mesa para adaptarse realmente a tu forma de jugar, al espacio disponible y a tus necesidades.

En nuestra guía sobre cómo elegir una mesa para juegos de mesa explicamos los principales aspectos que conviene valorar antes de comprar, desde las dimensiones y los materiales hasta la superficie de juego, el tapete y los accesorios.

Y si además quieres que tu mesa para juegos funcione como una mesa de comedor en el día a día, también puedes consultar nuestra guía sobre cómo integrar una mesa para juegos en el comedor.

Mesa preparada para cenar o trabajar en ella

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